jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Se destapó la caja de pandora racial?



Un supuesto acto de discriminación racial perpetrado por el chofer de un almendrón (auto particular) contra la joven Yanay Aguirre Calderín, en Marianao, y publicado el pasado día 2 de julio en la sección Buzón Abierto del semanario Trabajadores, abrió al público la caja de pandora de la discriminación por el color de la piel, con cierta repercusión a nivel nacional.

Según denunció Yanay, al advertirle al chofer que se bajaría una parada después de lo acordado, éste le respondió en forma descompuesta que “cada vez que se montaba un negro en su carro era lo mismo y por eso no los soportaba”, y que al llamarlo falta de respeto la obligó a bajarse, no sin antes decirle que en su auto no quería negros.

Este incidente puntual, más allá de los mensajes de solidaridad con la joven, residente en Artemisa y estudiante de la carrera de derecho en la Universidad de La Habana, y de repudio en contra del conductor del auto, es sólo la punta del iceberg de la discriminación existente en Cuba, que con diversos matices, suceden a diario en la vía pública, un centro laboral o estudiantil, una firma extranjera, un programa de televisión y en el barrio, a lo largo y ancho del país.

De acuerdo con un artículo posteriormente publicado con el título No basta con el repudio, la denuncia por discriminación racial efectuada por la joven Yanay había recibido decenas de comentarios en el sitio web de Trabajadores, así como en su sección Buzón Abierto, donde también llegaron numerosas llamadas repudiando una actitud y comportamiento imperdonables y repelidos en Cuba y en cualquier parte del mundo.

El semanario también señaló que el caso fue llevado ante Atención a la Ciudadanía de la Fiscalía General de la República, y se hizo la denuncia en la Dirección General de la Policía, donde el supuesto hecho fue tipificado como Delito Contra el Derecho a la Igualdad, por lo que el conductor del auto está sujeto a una investigación preliminar.

Sepultada bajo más de cinco décadas de manipulaciones, mentiras y otros paletadas de olvido revolucionario, la discriminación racial se corporiza y anda entre los escombros de una sociedad forjada sobre el ocultamiento de sus males y el espejismo de un devenir integrador, cuando la realidad desentierra a cada paso, un acto de racismo en el país.

Un hombre de la raza negra, de unos 70 años, quien a un costado del estanquillo de prensa ubicado en Zanja y Hospital, Centro Habana, revendía ejemplares de Trabajadores, en voz alta pregonaba: “¡Vaya!, coge tu negrita cimarrona aquí”, en referencia al artículo sobre Yanay.

El revendedor fue interpelado por una señora que le advirtió: “Mi viejo, esa es una expresión de racismo, y como el chofer, también puede ser empapelado y quién sabe si van los dos a prisión”. El hombre le respondió: “Señora mía, estoy preso en esta piel desde que nací, y muy mal que me va por no tener el valor de rebelarme como Yanay”.

Y agregó: “Ser cimarrón es un mérito en esta sociedad de aguantones y mira-pa-un-lao. ¿O usted no ve cómo cada día nos afrijolan más, nos tiran más pal rincón, ante la vista de todos y no pasa ná. De ahí que admire a la jovencita por su valor de denunciar, aunque no creo que todo lo dicho sea verdad. Hay que oír la versión del chofer. Existe racismo a tutiplén, pero la gente lo disfraza o cantinflea como la ideología y la opinión”.

Como si hubiera sacado una bomba casera de la especie de zurrón en que portaba los periódicos, varias personas que aguardaban el paso de un ómnibus por la parada de ese lugar, dieron un paso atrás y se alejaron del señor, que sonriente continuó pregonando: “¡Vaya! Coge tu negrita cimarrona aquí. ¡Vaya! Coge tu negrita cimarrona aquí”.

Lo cierto es que el acoso policial a jóvenes de la raza negra que a diario circulan por la capital, el nivel de precariedad en que subsiste la mayoría de negros y mestizos en el país, y la impronta de un racismo soterrado que hoy sale de los oscuros salones de la academia más allá de las manifestaciones del folklor y toma panaderías, calles, parques y esquinas de la ciudad, es un trepidante eco que pronto se extinguirá.

Casualidad, azar del destino o influencia de los ancestros africanos, en el momento que ocurrió este incidente discriminatorio en La Habana, un grupo de intelectuales, antropólogos, sociólogos y otros sabichosos cubanos, casi de forma clandestina, en la intimidad del salón Martínez Villena, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en El Vedado, debatían el tema “El color cubano hoy: situación, alcances y perspectivas”.

Ojalá hagan un tiempito en sus ardorosos debates y se monten en un almendrón, se den una vueltecita por el bulevar de San Rafael, se paren frente a la estación de policía de Zanja y Lealtad, dirijan sus inmaculados pies por los cimientos de una construcción cualquiera, puedan recorrer sin previo aviso las cárceles Combinado del Este o Nieves Morejón y verán como allí el mosaico cultural que dibujan en su imaginación adquiere un solo color: el negro.

Víctor Manuel Domínguez
Cubanet, 24 de julio de 2017.

Foto: Según el último censo, realizado en 2012, de los 11,2 millones de habitantes que tiene Cuba, el 9,3 por ciento pertenece a la raza negra y el 26.6 por ciento es de piel mestiza. Tomada de IPS.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La Cuba de las películas


En El techo, su más reciente película, la realizadora Patricia Ramos trató de escapar del pesimismo y la autocompasión que imperan en el cine cubano de los últimos 25 años.

Pero su frágil historia de los jóvenes vendedores de pizzas, a pesar de las disquisiciones moralizantes y pseudofilosóficas en los diálogos, no lo consiguió. Eso sería una tarea digna de Fernando Pérez, pero el más importante de los directores cubanos ni siquiera se lo ha propuesto.

En las películas cubanas, la desesperanza flota sobre calles sucias y paredes agrietadas y necesitadas de pintura, los escombros, la basura, los baches convertidos en charcos de aguas albañales; imponen su cadencia sobre el estruendo del reguetón; asoma su feo rostro entre las tendederas de harapos, las guaguas atestadas y los carros antiguos que envenenan el aire.

Los moradores de ese paisaje, enfrentados a la fatalidad, en una competencia que presienten perdida de antemano, vocean, gesticulan, se maltratan y ofenden los unos a los otros. Chabacanos, groseros, inescrupulosos, expresan sentimientos y concepciones que resultan bastante desagradables de tan banales y triviales. Especialmente si quieren demostrar su astucia y exhibirse como triunfadores.

Cuando intentan mantener la dignidad, lo más que hacen es posar cual si fuesen dignos. Para ello, a menudo usan frases rimbombantes y echan mano a citas mal memorizadas y sacadas de contexto, como hacen los jugadores de Dominó, el corto número trece de la serie de Eduardo del Llano sobre Nicanor O'Donell, personaje de ficción. Solo consiguen hacer el ridículo, subrayar el vacío desolador de sus existencias.

En Dominó, un grupo de jugadores, entre tragos de ron peleón, golpes en la mesa, gritos y palabrotas, discuten sobre el rumor que han escuchado acerca de que Cuba será comprada en 5 mil millones de dólares por un jeque árabe. Nicanor y sus compañeros de juego están patrióticamente indignados ante esa posibilidad, discuten qué pueden hacer para impedir que ocurra, pero al rato, olvidan el asunto, “se pasan” del tema, y vuelven a enfrascarse en lo que más les interesa en ese momento: librarse de las fichas gordas.

Más que dar risa, preocupa y deprime. Las actitudes de los jugadores de dominó del corto de Eduardo del Llano y, en general, las de la mayoría los de los personajes de las películas hechas en Cuba o sobre Cuba luego de 1989, no difieren mucho de las de una gran parte de los cubanos de la vida real, más preocupados por resolver como puedan sus muchos y más prosaicos problemas inmediatos -los de la subsistencia- que por el destino nacional. Lo cual no impide que cada vez que tengan una oportunidad, siempre que no les traiga problemas, se dediquen a opinar desenfadada y desfachatadamente sobre cualquier tema. Es decir, a hablar mierda.

De tales actitudes se podrá culpar a esa tan mala consejera que es la pobreza, a la desinformación, la manipulación de las emociones y el adoctrinamiento a que hemos estamos sometidos desde la niñez casi tres generaciones de cubanos, al totalizador control social ejercido por el régimen. Pero son pobres consuelos ante tanta apatía e inconsciencia moral.

Una sociedad intelectual y moralmente en decadencia, un pueblo disgregado, embrutecido, resquebrajado, acobardado, prostituido, con aspiraciones y ambiciones tan modestas, de tan corto alcance, tan bajas que no llegan al techo, sino al borde de la viga que sostiene la barbacoa, hacen temer que no haya muchas esperanzas para nuestra nación.

¿De veras alguien cree que así como vamos podremos conseguir un día ser un país serio, civilizado, moderno y democrático? Quiero creer que esa Cuba de las películas no es la real.

No puede serlo. Aunque muchísimos de nuestros compatriotas se vean reflejados en los personajes de la pantalla e identifiquen con las suyas sus pedestres metas y aspiraciones. Ojalá sean más, muchísimos más, los que tengan un techo más alto para sus sueños. Y no precisamente bajo el cielo de otro país.

Luis Cino Álvarez
Cubanet, 20 de julio de 2017.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Del socialismo cubano



Antes de la seis de la mañana, luego de desayunar café y pan con tortilla, Armando, chofer de una cooperativa de transporte, camina cinco cuadras hacia la base de taxis donde trabaja en la populosa barriada de La Víbora, al sur de La Habana.

Disfruta de su cigarrillo y exhala el humo lentamente. El sol aún no asoma en el horizonte y el calor es soportable. Decenas de trabajadores esperan en la esquina de Carmen y Diez de Octubre, en la llamada Plaza Roja, el ómnibus de sus empresas.

Las paradas del transporte público están a reventar. En el antiguo paradero de ómnibus de La Víbora, reconvertido con urgencia en base de taxis, Armando prepara el auto que maneja. Revisa el combustible y el aceite y con un trapo limpia el rocío que empaña los cristales. Cerca de la caja de velocidad, coloca un pomo plástico de agua congelada. Después enciende el último cigarrillo antes de salir a conducir.

Alineados en el amplio patio, 88 taxis pintados de amarrillo con cuadros negros. Son autos que fueron dados de baja por el Ministerio de Turismo. Según Armando, tienen miles de kilómetros recorridos y eran utilizados como autos de alquiler.

“Al mío todavía le funciona el aire acondicionado. A diferencia de los taxis arrendados por divisas, por los cuales abonas 500 pesos convertibles y el carro duerme en tu casa, estos autos no son arrendados por el Estado. La modalidad es de cooperativa. Una cooperativa muy rara, pues no ha sido conformada de acuerdo con los trabajadores. El gobierno nos entrega estos cachivaches sin piezas de repuesto y nos dan 20 litros de gasolina para cada jornada. En una primera fase, porque luego la cooperativa, si el experimento funciona, debe costear todos los gastos y el Estado nos entregaría el combustible a precio subsidiado”, señala Armando.

En cada viaje, explica Armando “ya sea ida o vuelta, debes entregar 65 pesos al gobierno. En una vuelta completa del Reparto Eléctrico a Línea y G en el Vedado, tengo que recaudar 130 pesos. No importa la cantidad de vueltas que tú des. Si das diez vueltas debes entregar 1,300 pesos. El resto es tuyo. Estos autos solo tienen cuatro plazas. El viaje completo cuesta 15 pesos. Si la gente viaja hasta la cabecera, los choferes perdemos dinero. Por lo general en un viaje, entre el sube y baja de gente, llevo de diez a doce personas, depende de la hora. Hasta ahora la cuenta no me da. Si trabajas ocho horas, lo estipulado en la legislación laboral, puedes que ganes 100 pesos, no más. Para ganar 200 pesos, hay que trabajar como mínimo doce horas diarias”.

Incluso ganando 100 pesos, el equivalente a 5 dólares, laborando 24 días, Armando devengaría un salario de 2,400 pesos, alrededor de 100 dólares, cuatro veces superior a un profesional y casi el doble que un especialista médico.

Pero Armando no comparte ese criterio. “El problema es que un maestro o un ingeniero no debe ganar 500 pesos. Para el nivel de inflación que existe en Cuba, un profesional debe tener salarios superiores a 6 mil pesos. De eso se trata. Ni ellos ni yo ganamos lo necesario para comprar comida y llegar a fin de mes. Ya el gobierno no te habla de socialismo ni de sus supuestas ventajas. Porque la realidad es que para hacer un poco de dinero, el Estado te explota como si fueras un esclavo”, apunta el taxista, mientras dribla con destreza los baches de la angosta calle San Joaquín, en El Cerro.

En las intensas polémicas que en diferentes webs y blogs sostiene en internet, un sector de la inoperante intelectualidad cubana -textos que muy pocos leen- gastan ríos de tintas en filosofar sobre el socialismo autocrático implementado por los hermanos Castro y su viabilidad en el futuro.

Acusan de traidores, mercenarios y vendepatrias a cualquiera que critique al régimen por limitar la libertad de expresión y prohibir espacios políticos a quienes piensan distinto.

No importa desde la doctrina o corriente ideológica que se plantee. Los que no están autorizados por el Estado a polemizar o disentir son cuando menos adversarios políticos.

En ese estéril intercambio de criterios, se pasa por alto lo obvio. El Estado cubano se ha trasmutado en una corporación de negocios capitalistas, donde la mayor plusvalía la reciben desalmados empresarios, que cercenan los derechos laborales y pagan salarios miserables a sus empleados.

Cualquier negocio que reporte divisas es administrado por el patrón Estado. Y en el caso de los negocios que ofrecen un margen amplio de rentabilidad, también son tutelados por la junta militar que gobierna el país.

La base cooperativa de transporte de La Víbora es un buen ejemplo. Doce o más horas conduciendo un auto para ganar una cantidad de dinero que se diluye en la compra diaria de alimentos.

El socialismo marxista que se ejerce en Cuba tiene más de feudalismo que de comunismo.

Iván García
Foto realizada por Vladimir Turró. Tomada de Cubanet.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Prontuario de la escasez



Los períodos de escasez, esa maldición cíclica, generan siempre un folclor. Este surge como modo de comunicación, pero también como remedio para paliar las difíciles circunstancias.

Muchos de estos relatos, con el tiempo, fueron ficcionándose y adquiriendo ribetes míticos. Tal vez la explicación de tan peculiar fenómeno esté en esa costumbre achacada al cubano de que es capaz de reírse hasta de sus desgracias.

Anoto aquí un prontuario apurado de las nuevas palabras que han enriquecido, durante estos años, el habla popular cubana para calificar objetos y las más disímiles inventivas cotidianas. He seguido un orden cronológico, según su aparición y el dictado de mi memoria.

Libreta: Sin duda el documento más popular en la Cuba revolucionaria. Fue establecida en el año 1963 para racionalizar y garantizar lo mínimo necesario para cada núcleo familiar. Se subdivide en dos: la de productos alimenticios y la de industriales.

Porsiacaso: Javas tejidas con cintas de guano, que podían ser del color del material o matizadas con algunas cintas coloreadas. El pueblo llamó así a estos enseres pues siempre se salía con ellas “por si acaso caía algo”.

Seguimiento: Se les llamó así a las primeras piezas textiles normadas por la Libreta, pues era común encontrar en una fiesta, juego de pelota, cumpleaños, bodas o colas, a varias personas vestidas igual. Su uso se convirtió en motivo de burla y en símbolo de desventaja social. También se usó el término To’s tenemos para igual calificación.

Mecagüendiós: Zapatos rústicos y precarios confeccionados con piel burda, sin pulir, conocida como rebajo. El apelativo surgió porque cuando las personas pasaban por las tiendas y veían estos zapatos, esa era la expresión común que brotaba de sus bocas. El ingenio popular le puso este nombre que elude cualquier connotación antirreligiosa.

Vaquetetumba: Botas pesadas y de mayor consistencia, confeccionadas con la suela denominada vaqueta y el resto de una lona gruesa, las cuales, se arrugaban con el tiempo. Provocaban frecuentes tropezones al caminar.

Pega’os o Pega’s: Calzado compuesto por piel adherida a suelas vulcanizadas. Existía una variante de corte bajo, que los adolescentes raspaban con un pequeño guayo, hasta dejarlos como felpudos. Luego le untaban tinta carmelita y parecían zapatos del extranjero.

Botas rusas: Otro tipo de botas llegadas, por supuesto, de la Unión Soviética. También toscas, pero muy duraderas.

Esqueleticos: Muy popular entre las mujeres. Especie de sandalias o chancletas hechas con suela de cualquier material resistente, a las que se le clavaban tiras muy finas de piel o nylon sacados de viejas carteras femeninas.

Rolos: Tubos vacíos de desodorante marca Fiesta, alrededor de los cuales se enrollaba el pelo. Luego de varias horas se quitaban y quedaba la cabellera ondulada.

Torniquete: Rolos más grandes, siempre en parejas, hechos con cajas de talco Brisa. Se situaban en la parte superior de la cabeza y dejaban el pelo alisado desde esa zona hacia abajo. Era usado, sobretodo, por las mujeres de pelo muy rizado.

Mariconas: Camionetas checas utilizadas para recoger pasajeros, conocidas primeramente como guasabitas. La picaresca nacional las bautizó, inmediatamente, con el otro nombre porque a estos nuevos ómnibus se les entraba por detrás.

Guapitas: Camisas cortas con fajas y una piececita o trabilla abotonada en los hombros y en la propia faja. El diseño venía de épocas anteriores, pero en ésta adquirió connotación de lujo, pues se confeccionaban transformando algunas camisas que les daban a los trabajadores, de telas más suaves y colores más vistosos.

Revés en victoria: Pantalones cortados a la altura de las rodillas y vueltos a empatar pero por el reverso de la tela. Quedaban luego las patas de dos colores. Los jóvenes trataban de remedar al universalmente prestigioso pitusa, prenda ideológicamente desacreditada en Cuba. Se aprovechaba para ello unos pantalones entregados a los trabajadores de la zafra, que burdamente simulaban a la mezclilla de la afamada prenda. Algunos le colocaban en la faja una etiqueta que aparentaba una marca.

Ollas de presión: Zapatos plásticos para hombres y mujeres aparecidos a principios de la década de los 70 en las tiendas cubanas. En sus inicios fueron llamados kikos, recordando la vieja marca de plásticos nacionales, pero la imaginería popular los bautizó rápido con este nombre, porque bajo nuestro tórrido clima convertían los pies en una bola de fuego.

Tiqui taque: Otra variante de sandalias con suelas de madera para mujeres, que al caminar producían este rítmico sonido.

Cocalecas: También chancletas femeninas pero con correas más flexibles y extensas que se envolvían en la pantorrilla exactamente hasta debajo de las rodillas. Las correas podían ser de cuero, nailon o tejidas. Muy populares fueron las confeccionadas con las mangueras para sueros.

Plataformas: Muy usadas por la posibilidad de adicionarlas a cualquier calzado sin tener en cuenta el modelo, hechura o diseño. Se ponían de disímiles materiales y eran toscas, sobre todo en los zapatos de hombres. La locomoción con estas era ridícula, pero hacía feliz a su portador pues así estaba a la moda.

Fonkies: Constituyeron otra solución ante la escasez de zapatos, porque eran fáciles de hacer, baratos y cómodos. Eran de piel, de la llamada de rebajo y algunos se confeccionaban con el material de los petos de soldar. Se cocían o pegaban directamente por fuera a una suela generalmente de goma y sin tacón, aunque podía ponérseles también un taconcillo muy fino. Tenían el valor agregado de su durabilidad.

Medias checas: Nombre dado al único tipo de medias de hombre que se vendían en el país. Su calidad era tan precaria que se rompían con facilidad y ya en la segunda puesta se le aflojaba el elástico y caían, enrollándose en el tobillo o sobre los zapatos. El gracejo popular le puso así a estas prendas jugando con el término de checaen.

Mallitas: Medias de malla que se pusieron de moda entre las jovencitas, las cuales se tejían en casa. La mayor parte de la población femenina joven invadió las calles, por aquellos tiempos, con esas rústicas redes en las piernas.

Piti piti pá: Peinado característico de la primera mitad de los 70, tanto en hombres como en mujeres ansiosos de estar a la moda. El nombre lo tomaron de la película francesa El hombre orquesta, donde Louis de Funes hacía bailar a un grupo de jóvenes al ritmo de 'piti piti pá'. El peinado consistía en rebajarse el pelo en los laterales, pero dejarlo largo en la nuca con las puntas hacia arriba. Lo completaba un cerquillo sobre la frente, abierto hacia la derecha, con la raya del pelo más hacia el centro del cráneo más de lo acostumbrado. También se le llamó simplemente el piti.

Barberito: Especie de peine doble al que se le ponían dos cuchillas de afeitar dentro –preferiblemente las soviéticas Astra– y que al pasarlo picaba el pelo, adquiriendo el pelado un aspecto afrancesado y muy moderno.

Plan San Germán: Absurdo procedimiento para la compra de ropa, zapato y otros artículos de uso doméstico, a los que tenía derecho, según este método, el que primero llegara al mostrador. Fue llamado así porque se hizo una prueba piloto en una zona conocida como San Germán.

Juguete básico: Juguete de primera calidad a los que tenían derecho los niños. Era garantizado por la libreta de abastecimiento.

Juguetes no básicos: Dos juguetes que se le entregaban a cada niño, pero eran de menor calidad que los básicos.

Cupones: Vales ordenados alfabéticamente y numerados, que se entregaban a la población, semejantes a una cualificación sanguínea: F1 D2, etc. Con estos cupones se ordenaban y regulaban la distribución y compra en las tiendas de ropa.

Guachipupa roja, o colora’: Refresco logrado con la disolución en agua de un extracto o sirope –nunca se supo bien el origen– de color fresa fulgente. Esta bebida casi siempre constituía el complemento y ayudaba a digerir un dulce que permaneció incólume, y muchas veces en solitario, en las vidrieras de los merenderos de toda Cuba y que tenía un nombre salvador: matahambre.

Guarachas: Otro tipo de calzado popularizado en los años 80. Tenía una suela ancha hecha de goma de autos, a la cual se le entrelazaban finísimas tiras resistentes de piel que cubrían todo el pie. En algún momento comenzaron a llevarlas también los hombres. El nombre y modelo fue tomado de huarache, tipo de sandalia usada por los indígenas mexicanos.

Catarritos: Tenis, sobre todo para las damas, hechos de tela de diferentes colores y de suela de goma muy baja. Se les calificaba así porque si llovía, se caminaba por la yerba húmeda o pisaba un charco, se empapaban los pies y podía provocar el clásico catarro. Algunos tenían pequeños puntos blancos y se les conoció también como guineos por el parecido al plumaje de estas huidizas gallináceas.

Acápite separado habría que hacer para inventariar las bebidas con base alcohólica, aparecidas en todos estos años, y que alegraron al cubano en su estadio de penuria económica: walfarina, calambuco, chispa’etren, salta pa’tras, chispín, espérame en el suelo, hueso’etigre, entre otros nombres.

El Período Especial disparó la capacidad imaginativa de los cubanos para mitigar el golpe que significó la caída de la economía nacional. Prominentes fueron los bistecs de rodajas de naranja grifo, el picadillo de cáscara de plátano burro, compotas también hechas con esta vianda y el jugo de pepino. El comercio estatal puso en venta la mortadela líquida, la masa cárnica, los helados tropicales –especie de durofríos– y el refresco concentrado. La revista Mujeres recordaba que nuestros mambises hacían sopa con flores de calabaza.

Muchas personas aseguraban que estas parodias alimenticias tenían un sabor “igualitico al original”.

La Libreta, cuya despedida aún no se vislumbra, propone en la actualidad otra terminología curiosa: carne de dieta, carne de niño, dieta de encamado, pollo por pescado... Este manual algún día alcanzará la dignidad de ser analizado por la Real Academia de la Lengua.

Estos apuntes han sido dictados por los recuerdos y las vivencias de alguien que ha vivido apegado al desenvolvimiento social de su época y que ha visto los esfuerzos de la gente por levantarse y persistir.

Alexis Castañeda Pérez de Alejo
On Cuba Magazine, 29 de julio de 2017.
Foto: Carnicería vacía. Tomada de On Cuba Magazine.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Fabio, el poeta que vendía flores



Ayer recibí la noticia de la muerte de un amigo. Y luego de ese extraño golpe que sólo es capaz de asestarnos la sorpresa del vacío, me di cuenta que habían pasado treinta años desde la primera vez que estrechamos nuestras manos en Acosta y 10 de Octubre, una de las intersecciones más concurridas de la barriada habanera de La Víbora. Una zona por entonces mucho menos deprimente que ahora.

El poeta Rogelio Fabio Hurtado cargaba una carretilla de flores, Pepe Fajardo una botella de Ronda y yo mi mochila de la escuela. Nunca he olvidado aquel encuentro propiciado por la casualidad -“causalidad” diría Fabio-, o simplemente porque era el camino cotidiano del poeta y yo sólo había ido con Pepe a comprar ron y cigarros a la vulgarmente célebre cafetería La Conferencia. Allí nos topamos. Por suerte para mí.

“Mi abuela materna vende flores en su casa, allá en Buenavista donde yo nací, y ella, bueno, es una persona muy humilde, pero nunca imaginé que un poeta lo hiciera”, le confesé. Pepe no dijo nada. Y Fabio me contestó: “Los poetas también”.

Hablamos de la poesía cubana del momento, de los beneficios, los problemas y la necesidad de la venta de flores, de lo que me enseñaban en la escuela y lo que no me enseñaban, y no faltaron -casi nunca faltaban- los chistes políticos de Pepe, que no perdió tiempo en mencionarme que Fabio había sido marginado y que estaba seguro de que me gustarían sus poemas. Algo en que no se equivocó. No recuerdo quién de los tres dijo la frase: “Escribir poesía puede ser tan peligroso como ir a la guerra”. Pudo ser cualquiera. O quizás es sólo una invención de mi necesidad de recordar, tres décadas después, aquel primer encuentro con el poeta que vendía flores. El único que he conocido que se ganara la vida de ese modo.

Fabio tenía entonces 41 años, pero su larga barba canosa le hacía parecer mucho mayor. Yo tenía 16 y estudiaba en el pre-universitario Enrique José Varona de La Víbora, escribía poemas que pretendían ser “contestatarios”, adjetivo que entonces me resultaba tan cotidiano y estimulante como escaparme de las clases para leerle a mi novia textos prohibidos en medio de un enorme campo de girasoles -un campo real, cerca del Café Colón- y luego acompañarla hasta la puerta de su casa (regla inviolable establecida por su madre, que era la única en la familia que sabía que nos fugábamos) para irme a beber rones furtivos con Pepe, Fabio y otros escritores de la zona mientras compartíamos nuestras recientes invenciones.

José Ramón Fajardo, Pepe, el autor de Nosotros vivimos en el submarino amarillo, murió en 2016 y que fuera recordado en Diario Las Americas y también en 14yMedio.

Es una extraña sensación recordar a Pepe y Fabio, sabiendo que jamás volveré a verlos. Cada vez me parece más real eso de que La Habana se está quedando sin poetas.

El mismo día que conocí a Rogelio Fabio Hurtado descubrí que era católico. En aquellos años no conocía a muchos creyentes, a no ser los santeros de mi barrio, que tenían otro estilo, por así decirlo. Recuerdo que el semáforo detuvo un carro fúnebre y Fabio hizo una pausa en la charla para persignarse. A Pepe Fajardo, que tampoco era religioso, pero que le conocía, no le llamó la atención, pero a mí me sorprendió no sólo la acción, sino sobre todo su mirada, una expresión que denotaba que realmente lo sentía, que no era un mero hábito. Fabio se dio cuenta de mi asombro pero no me dijo nada.

Luego descubrí que también era un poeta de izquierda, pero disidente. Una rara avis. De ahí que se sintiera un poeta entre dos tigres. Nunca llegué a preguntarle si fue su religiosidad quien lo llevó a disentir de la revolución en la que, como le sucedió a unos cuantos, creyó fervorosamente hasta los primeros años de la década del sesenta. En abril de 1963 el poeta integró las Tropas Coheteriles Antiaéreas y a los dos años fue desmovilizado gracias a un certificado psiquiátrico.

Poeta y loco, no era al final una idea descabellada. Desde mucho antes escribía. En 1969 fue incluido en la antología Poemas David 69. En su poema titulado 1966 reconoce: “¡Oh sí, yo tuve 20 años! / Yo no sabía nada de vida y muertes literarias / Creía que se publicaba mandando el cuento por correo a las revistas”.

Se definía como un izquierdista por cuenta propia. Y justamente esa defensa de lo personal, aunque fuera desde el campo minado de la izquierda, lo condenó a ser un intelectual proscripto. Ser cualquier cosa por cuenta propia no podía ser bien visto por el régimen. Nunca lo ha sido ni lo será. Y mucho menos alguien que jugaba con las palabras.

Curiosamente el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, uno de los defensores de la Teología de la Liberación, le conoció durante un viaje que hizo a La Habana en 1970 y le publicó algunos poemas. Luego la realidad se encargó de distanciar sus ideas y esperanzas de entonces. Pero Fabio jamás abandonó el camino, o al menos el anhelo, de la socialdemocracia.

La casa de su madre, ubicada a unas pocas cuadras de la famosa esquina donde nos conocimos, daba casi al frente a la unidad de la policía política de Arroyo Naranjo. “Aquí no tenemos nada que temer, siempre estamos bien vigilados”, decía con el fino humor que lo caracterizaba. Entrar a aquella casa era como viajar un siglo atrás. O tal vez dos. Los muebles, las cortinas, las fotografías, el murmullo del silencio. Sus tías practicaban un silencio hermético.

A veces parecía que vivían en un eterno luto, hasta que por fin escuchaba sus voces amables decir dos o tres palabras. Pero aquel silencio era una especie de venganza contra el ruido, el fingimiento y la banalidad que reinaba afuera. Allí me leyó sus poemas, los primeros y los últimos, los conocidos y los que sólo le leía a sus amigos que, como bien advertía, no eran demasiados. “Como todo el mundo que tiene amigos de verdad”, acotaba.

También le visité en la casa de Marianao, donde vivía con su amada Felina, a quien le dedicó estos versos titulados La mujer del poeta: “Después del constante saqueo de la nostalgia, / Sin nada nuevo que leerles a ti y a mis poquísimos amigos / Oficialmente desocupado, oyendo rumores y chistes excesivamente crueles, / En los suburbios ya de los 50, releída y releída The Wasted Land al poeta va quedándole / Un único chaleco salvavidas: la sonrisa sin fraude que le abre como el cielo su mujer”.

En 1980 escribió el poema En la terraza, que retrata sus sentimientos ante la partida de sus amigos y familiares durante en el éxodo de Mariel: “La gente atraviesa por mi corazón / De paso a la frontera / Cuando se despiden, apresurados, / Me llevan en sus ojos a lo desconocido / Me dejan encargado de toda su memoria / Apenas tengo dónde guardarles tanta vida / Nací para despedir vuelos nocturnos”.

Además de poesía, género que jamás abandonó, en la década de los 80 escribió para la primera revista digital independiente cubana, Consenso. Y más adelante para publicaciones católicas como Palabra Nueva, Espacios y Vitral. Fue colaborador de Diario de Cuba, Primavera digital y otros medios donde ejerció el periodismo independiente. Estuvo vinculado a varias agrupaciones disidentes. Era un amante de la revista Bohemia, la de antes de la revolución, por supuesto, y de los más exquisitos autores.

Leía de todo. “De todo lo bueno y a veces algo de lo malo”, solía decir. Viajó a Estados Unidos en varias ocasiones a visitar a su hijo. Recuerdo que a su regreso a Cuba me regaló su primer poemario, publicado a los 50 años de edad, El poeta entre dos tigres (Colección La Torre de Papel, 1996) que le editó en Miami Carlos Díaz Barrios, y una hermosa revista donde le hicieron una excelente entrevista. Cinco años después publicó el volumen de prosas Viñetas para un invisible (2001).

Siempre tuvo una especial relación con la muerte. Era como una especie de amigo cercano con el que sostenía importantes conversaciones sobre la vida. De ahí que pudiera escribir un soneto como éste: “Vivir es olvidar mal lo vivido, / No aprobar las lecciones del pasado; / No cuentes que retorne lo partido / Por más que el Cielo engañe de estrellado. / Vivir es confundir lo más querido, / Continuar atisbando lo esperado; / Dialogar hasta verse sin sentido / Por más que el mundo mande estar callado; / Vivir es ir muriendo sin apuro, / No averiguarle a la alegría razones, / Saltarse los escombros cual canguro; / Vivir es desgastar los pantalones / Sin esperar prodigios del futuro, / Vivir es inventar viejas canciones”.

Luis Leonel León
Diario Las Américas, 22 de junio de 2017.
Foto: Rogelio Fabio Hurtado. Tomada de Cubanet.
Leer también, Cuando un amigo se va.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El largo viaje del poeta



El miércoles 21 de junio de 2017 falleció en La Habana el poeta, escritor y periodista independiente Rogelio Fabio Hurtado. Un día después hubiera cumplido 71 años. De ellos, cincuenta los dedicó a la poesía.

Pudo haber sido pelotero como era su más temprana vocación, o ajedrecista, como soñaba su padre y que era otra de sus vocaciones, o seguir siendo soldado luego de que lo reclutaran, siendo un adolescente del Pre Universitario de La Víbora, y lo destinaran a las fuerzas coheteriles, bajo asesoramiento soviético, para “defender a la revolución y al socialismo” de una invasión norteamericana, que aunque aseguraban era inminente, nunca ocurrió.

Pero Rogelio Fabio no fue pelotero, ajedrecista ni militar, porque tropezó con la poesía y ya nunca pudo ni quiso zafarse de ella. La culpa fue primero de los Versos Sencillos de Martí, y después de Antonio Machado y César Vallejo.

Al principio se sentía incapaz de rimar y medir versos. Eso fue hasta que a través de los poemas que leía en Lunes de Revolución, comprobó que la poesía también podía escribirse sin esos fastidiosos requisitos formales. Y empezó a escribirla.

En 1968, cuando los comisarios censores trinaban por la premiación del poemario Fuera del Juego, conoció a Heberto Padilla y sometió a su consideración sus poemas. El poeta execrado los juzgó favorablemente y le dio ánimo.

En 1969, Fabio presentó su poemario Pasajero Viviente en el Concurso David. Resultó premiado Raúl Rivero con Papel de Hombre, pero con el resto de los poemas de los concursantes hicieron una antología en la que estaba incluido un poema de Fabio.

En 1970, el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, que había conocido a Fabio durante su estancia en Cuba como jurado del concurso Casa de las Américas, incluyó poemas suyos en su libro “En Cuba” y en una antología de poetas cubanos.

En una entrevista que le hice a Fabio hace diez años me contó que Ernesto Cardenal le dijo que le solicitaría a Roberto Fernández Retamar que publicase los poemas con sus vivencias como soldado en la revista Casa. Recordaba: “Cuando le expresé mi escepticismo, diciéndole que no serían del agrado del Ministerio de las Fuerzas Armadas, me preguntó qué tenía que ver el MINFAR con la poesía y le contesté que en Cuba sí tenía que ver. El tiempo me dio desgraciadamente la razón”.

En el número de la Gaceta de Cuba que debió salir en abril de 1971, pero fue recogido y destruido a tenor con los acuerdos del infausto Congreso de Educación y Cultura, aparecían dos poemas de Fabio que aún continúan inéditos.

A partir de entonces renunció a participar en concursos oficiales, en total desacuerdo con aquella “política cultural”, que silenciaba a los escritores de más talento y favorecía a los mediocres, siempre que se prestaran a ser corifeos del régimen. Pero nunca dejó de escribir ni de participar en tertulias informales y libres con gente que definía como “libres y maravillosas”: Emilio López, Eddy Campa, Benjamín Ferrera, José Soroa, Esteban Luís Cárdenas, Nicolás Lara, Benigno Dou, Julio García, Flavio Garciandía, Arturo Cuenca, Eugenio Blanco, Jessie Ríos y Alejandro Lorenzo.

Esas reuniones, a menudo perturbadas por la policía, tenían lugar en el parque de la Funeraria Rivero, en Calzada y K, la terraza del Hotel Capri, en 21 y N, y donde por entonces servían el mejor y más frío té de La Habana, o la azotea sobre el Parque Manila, donde vivía el escritor Juan Miguel Espino García con su novia Ángela Adams.

Años después, Fabio consiguió que algunos artículos y poemas suyos aparecieran en la revista Unión y la Gaceta de la UNEAC (Unión de Artistas y Escritores Cubanos). Luego empezó a colaborar en las publicaciones católicas Palabra Nueva, Vitral y Espacios. Fue editor de esta última hasta enero de 2005, cuando el cardenal Jaime Ortega, luego de ocho años de existencia, ordenó cerrarla.

A partir de ese momento, Fabio dejó de colaborar en las publicaciones de la Arquidiócesis y se unió al periodismo independiente. Sus artículos aparecieron en Encuentro de la Cultura Cubana, CubaNet, Diario de Cuba y Primavera Digital, de cuyo consejo de redacción fue miembro desde 2007 hasta su muerte.

Fabio definía su poesía, más que coloquial, como “conversacional”. Fuertemente nostálgicos, narrativos y por momentos teatrales, sus mejores poemas están recogidos en los libros El poeta entre dos tigres (La Torre de Babel, Miami, 1996) y Hurra y otras elegías (Ediciones Vitral, Pinar del Río, 2005).

Consideraba que el escritor está destinado a decir lo que los demás deciden callar. Eso lo hizo chocar con muchas incomprensiones. Confesaba que le encantaba “parecer blanco entre los rojos y rojo entre los blancos”.

Decía que la desventaja de permanecer inédito tantos años le dio como compensación “el poder permanecer independiente de los dictados de los pensamientos políticamente correctos que nos circundan y acechan”.

Eso, en estos tiempos, es un lujo. Fue uno de los poquísimos y relativos lujos que se pudo dar el poeta.

Luis Cino Álvarez
Cubanet, 22 de junio de 2017.
Foto: Rogelio Fabio Hurtado. Tomada de Primavera Digital.
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jueves, 31 de agosto de 2017

Cómo el fútbol internacional sepultó al béisbol en Cuba



En un recuadro de madera cuelgan varios posters arrugados de Cristiano Ronaldo y en un trozo de cartón, escrito con plumón rojo, dos cifras que para cualquier desconocedor del fútbol pudiera parecer un epígrafe de la Biblia: 12:33.

Aunque el calor es de espanto en La Habana -34 grados Celsius a la sombra marca el termómetro, pero según expertos del instituto de meteorología la sensación térmica es de 41 grados-, no impide que los hinchas habaneros del club merengue se cuelguen en el cuello espesas bufandas del Real Madrid.

Entre el reguetón a toda mecha que sale de un equipo de audio portátil y canecas de ron blanco para festejar el triunfo del Madrid en su liga y obtener la Champion en Cardiff, la peña de fans se la pasa en grande.

Ha transcurrido casi dos semanas desde que Sergio Ramos alzó por duodécima vez la orejona. Pero los aficionados blancos en Cuba todavía tienen cuerda para rato.

Este año, el Real Madrid ganó la liga española, el mundial de clubes, la Supercopa de Europa y se alista para ganar en agosto la Supercopa de España ante su acérrimo enemigo del Barcelona.

El mismo día que el Madrid borró del terreno en el segundo tiempo a la Juventus de Turín, con un golazo desde su casa de Casemiro, además de dos de Cristiano y uno de Asencio para poner cifras definitivas al partido, en La Habana, la capital de un país donde antaño se respiraba béisbol, diferentes parques y zonas céntricas se desbordaron de fanáticos y una hilera de viejos almendrones sonaban el claxon persistentemente.

Un fanático, creyéndose que estaba en la Cibeles, colgó una bandera del Madrid encima de una estatua de un prócer independentista y las burlas a los seguidores del Barcelona eran de aúpa.

Como en un safari africano a la caza de fieras, los madridistas tocaban en la puerta de sus adversarios para mofarse, recordarles que son el mejor club de la historia y grabar con sus teléfonos móviles la frustración que sienten los hinchas azulgranas por no ser protagonistas en 2017.

En Cuba se siguen también las ligas inglesa, alemana e italiana, pero es la ibérica, y sobre todo el Madrid y el Barcelona los que desatan la locura. Una efervescencia que comenzó a mediados de los años 90 del siglo pasado.

En la Isla siempre hubo personas que contra viento y marea seguían el fútbol. Y en radios de la era soviética escuchaban Tablero Deportivo de Radio Exterior de España con la formidable conducción de Julio César Iglesias o Juan Manuel Gonzalo.

En aquella etapa de la Quinta del Buitre y las gozadas de Maradona o Romario en el Camp Nou, Richard, furibundo madridista, recuerda que para escuchar con calidad la señal radial subía a la azotea de su casa y recostado a un palomar escuchaba aquellos clásicos memorables del Madrid de los galácticos y el Barca de Ronaldinho en la voz de Germán García.

La autocracia verde olivo comenzó a trasmitir las Copas Mundiales de manera íntegra en el Mundial de España 1982. Luego, a partir de 1990, la televisión comenzó a dedicarle dos espacios semanales al fútbol internacional.

La mafia empresarial de Havelange primero y luego Blatter, que manejaron la FIFA con total opacidad, le hicieron un guiño a Fidel Castro donándole un millón de dólares para un proyecto, Gol por Cuba, además de coimas entregadas por debajo de la mesa para garantizar el voto de lealtad de la Isla y otras cuotas que reciben los afiliados a la FIFA.

Del dinero recibido de la FIFA poco se sabe. Se esfumó en algún bolsillo misterioso, pues la federación local del fútbol no le brinda ni siquiera mantenimiento a los terrenos donde se juega el aburrido campeonato nacional, transformados en auténticos potreros.

Cuando hace dos meses, Infantino, el actual presidente de la FIFA estuvo en Cuba, con premura instalaron una cancha sintética donada por Blatter hace siete años y que nadie sabía su paradero.

La difusión del mejor fútbol del mundo que se juega en Europa fue una estrategia del gobierno de Castro para amortiguar el goteo imparable de fugas de deportistas cubanos, sobre todo peloteros.

En los últimos veinte años alrededor de un millar de beisbolistas saltaron la cerca con el objetivo de firmar contratos millonarios y administrar sus propias finanzas.

Mientras en la tele se pasaban partidos de fútbol de primer nivel, los medios estatales censuraban o apenas ofrecían información de la MLB. Desde hace cinco años la calidad del béisbol en la Isla va en picada.

La Serie Nacional, excepto los partidos por la discusión del título, se juegan a gradas vacías. Es un torneo huérfano de grandes estrellas. La afición local, en las edades comprendidas entre 12 y 35 años, tienen al fútbol como su deporte favorito.

A muchos incluso no les gusta la pelota. Ni siquiera les interesa la actuación de los cubanos en las Grandes Ligas. Cristiano Ronaldo, Messi, Neymar, Luis Suárez, Benzema o Bale tienen una legión de fanáticos en Cuba.

Sus seguidores conocen al dedillo su vida personal, sus salarios, gustos y hasta el nombre de sus mascotas. Pero por favor, no le pregunten por los nombres del once regular de la selección cubana de fútbol.

Mientras a gran parte de la población le resulta indiferente la política del gobierno y la narrativa disidente, los torneos de fútbol internacional los convoca de manera espontánea a reunirse en bares climatizados que cobran en moneda dura para ver jugar a sus ídolos.

Serguey, quien estudia el último año de bachillerato, ignora el nombre de la primera secretaria del partido comunista en La Habana o cómo se llama el Alcalde de la ciudad.

Tampoco le interesan los planes del régimen para, después de seis décadas de sucesivos fracasos, construir un socialismo próspero, eficiente y democrático. Sus metas son emigrar de Cuba y ver todo el fútbol que pueda.

El gran sueño de Serguey es visitar el Santiago Bernabéu, tener un autógrafo de CR7 y que en la próxima temporada el Real Madrid gane un triplete. Lo demás para él no tiene importancia.

Iván García
Foto: Tomada de Héctor, el barcelonista.


lunes, 28 de agosto de 2017

Las nuevas formas de emigrar de los cubanos



Quizás lo más difícil para el matrimonio de Joel y Karla fue reunir poco más de 4 mil euros para un viaje de nueve días a Italia. El trabajaba en el almacén de una tienda en divisas perteneciente a la corporación militar GAESA y ella era dependiente de un paladar al oeste de La Habana.

“A mi esposa le pagaban 10 cuc diarios en la paladar, pero con la propina se montaba en 20 o 30 cuc. Yo vivía del invento, de lo que se caía del camión y del facho (robo). Reunimos el dinero ahorrando y vendiendo algunos objetos de la casa, como la computadora y el equipo de música. Primero fuimos a la Embajada de Italia averiguar cómo era la cosa. Allí nos dijeron que cuando tuviéramos la reservación del paquete turístico y los pasaportes, regresáramos de nuevo para el visado”, cuenta Joel desde Madrid vía correo electrónico.

“Con todos los papeles listos, en la embajada nos dieron visas de turista por un mes. También tuvimos que llevar el certificado de matrimonio. Después de pasar nueve días como parte de nuestra luna de miel en Roma, Milán y Florencia, ya teníamos previsto el plan de fuga. Gracias a un tratado que existe de libre circulación de personas en Europa, con el visado italiano, válido por un mes, podíamos recorrer los 27 países de la UE. En un principio pensábamos recalar en Alemania, con leyes migratorias más flexibles, pero el hermano de un amigo nuestro en Cuba no nos pudo garantizar la estancia y por tren fuimos de Milán a Barcelona y luego en el AVE a Madrid”, señala Joel y agrega:

“Llegamos en noviembre de 2016 a Madrid con un frío de pinga. Todos los contactos y protocolos los hicimos por internet, amigos cubanos nos ayudaron a establecernos. Alquilamos una pocilga por 200 euros mensuales, con dos colchones y calefacción. Mi esposa es blanca y a las tres semanas comenzó a trabajar cuidando una anciana. Soy negro, pero no tan prieto como los africanos y al hablar español, comencé a trabajar por la izquierda en un bar. Ahora estoy trabajando media jornada en un negocio publicitario. Nos mudamos de piso y el dinero nos alcanza para comer decentemente y de vez en cuando cenar en la calle e ir una discoteca los fines de semana. Con alrededor de 20 mil euros, dinero de mi moto y una casa que vendí en Cuba, estamos viendo cómo regularizamos nuestros papeles de residencia. En las sociedades del primer mundo, al existir menos corrupción, es más complejo, y también porque los españoles están contra la emigración. Pero con los cubanos las autoridades son más tolerantes”.

Otro caso es el de Daisy. Durante diez años ella laboró como contable en un hotel de cinco estrellas en Varadero y los planes para emigrar la pillaron justo en el momento que Obama derogaba la política de pies secos-pies mojados.

“Pensé que el mundo se me venía abajo. Pero junto a mi hijo y mi marido decidimos probar suerte por México vía Cancún. Ya habíamos estado allí otras veces y teníamos amistad con funcionarios de turismo. Apenas llegar, conseguimos un trabajito por la izquierda. Y como nos fuimos con bastante plata (25 mil dólares) rentamos un buen apartamento. Llevamos tres meses y nos va bien. Como por regla general el cubano tiene un alto nivel educativo, no le es difícil conseguir empleo en México. Claro, ser ilegal es un problema, pero en México la corrupción está al tolete. Con dinero todo se resuelve. Ya estamos gestionando legalizar nuestra residencia”, señala Daisy.

José Alberto, se considera un tipo que sabe aprovechar las oportunidades cuando éstas se le presentan.

“Como muchos cubanos estoy siempre rastreando por internet las solicitudes de trabajo en países desarrollados. Me daba igual Canadá, Suecia que Irlanda. No tengo perro ni gato en Cuba. Estaba desesperado por volar y dejar atrás toda la mediocridad a la que nos ha llevado el gobierno. Quería ser una persona libre y depender de mis propios esfuerzos. Estaba dispuesto a todo. Fue entonces que me enteré que la Embajada de Canadá en La Habana estaba solicitando gente calificada. Por mis conocimientos de inglés y mi título de ingeniero en telecomunicaciones, sabía que contaba con algunas posibilidades. En septiembre del año pasado me aprobaron. La carta de trabajo es por dos años, prorrogable por otros dos. Trabajo cableando redes de internet en las calles de Toronto. Me pagan bien y ya tengo una novia canadiense. Cuando llegué a Canadá todavía estaba vigente la ley de pies secos-pies mojados. Pensé irme a Estados Unidos, pero aquí me va muy bien. Es una nación democrática y respetuosa con los emigrantes. Tengo posibilidades de superarme, lo único malo es que hay frío de cojones. Por lo demás, es uno de los mejores países del mundo y Toronto una ciudad modelo. Mi meta ahora es sacar de aquella mierda a mis padres y mi hermano”, confiesa José Alberto.

A pesar de que las puertas legalmente se han cerrado para los cubanos sin parientes en Estados Unidos, nuestros compatriotas prueban suerte en otras latitudes como emigrantes ilegales.

Denis, alto y atlético, se prepara para volar rumbo a Moscú a fines del mes de julio. “Ya he estado cuatro veces en Rusia. Hablo ruso y he estudiado el panorama. No sé en qué voy a trabajar, si de payaso en un circo, guardaespaldas de un mafioso ruso o prostituyéndome. Pero en Cuba no tengo oportunidades”.

Los futuros migrantes cubanos buscan otros horizontes, sin dejar de mirar hacia Estados Unidos. Puede que la manera de llegar sea distinta y un poco más complicada. Tal vez tengan que saltar el muro que pretende construir Donald Trump en la frontera con México. Pero la emigración en la Isla, aunque ha disminuido, no se detiene.

Iván García
Foto: Aeropuerto de La Habana. Tomada de Havana Times.

jueves, 24 de agosto de 2017

Gracias por nada, Trump


Después de mucha algarabía mediática, la “nueva política” de Trump hacia Cuba no ha pasado de la retórica más o menos esperada por la mayoría de los analistas políticos. Su acto resultó más un gesto simbólico para con sus fieles que alguna novedad práctica.

En síntesis: quienes esperaban el anuncio de cambios verdaderamente trascendentales en la política hacia Cuba por parte del presidente estadounidense durante su discurso en Miami el pasado viernes 16 de junio, debieron quedarse con tres palmos de narices. Como solemos decir en Cuba, el show resultó ser más rollo que película.

Los muy esperados cambios, lejos de resultar novedosos, son en realidad bastante limitados. De hecho, el plato fuerte de su anunciado “castigo” a la dictadura castrista se encierra en una baza inconsistente donde las cartas esenciales parecen ser la prohibición a empresarios estadounidenses a negociar con empresas militares cubanas, la supresión de las visitas individuales de ciudadanos estadounidenses a Cuba y la fiscalización de las visitas en grupos. Lo demás es hojarasca.

Seguramente el Palacio de la Revolución en pleno "está temblando de pavor". Ya la dictadura se puede dar por perdida: a juzgar por el entusiasmo de sus fanáticos reunidos en el teatro Manuel Artime, en La Pequeña Habana, con Trump en el poder el castrismo tiene sus horas contadas. Dicen los que saben de eso que a los Castro y “a la mafia dialoguera” de Miami “se les acabó el pan de piquito”, que “los actores políticos (¿?) se encuentran ahora en el lugar en el que deberían estar” y que el discurso de Trump fue “amistoso con el pueblo de Cuba”. Si el asunto no fuera tan serio, probablemente causaría risa.

Lo lamentable es que hay quienes se han creído el camelo. O al menos simulan habérselo creído, que a fin de cuentas cada uno debe apegarse al papel del personaje que representa en el guión de esta eterna tragicomedia cubana.

Otra cuestión sería que toda esa elaborada teoría anticastro (ahora sí) se lograra llevar a la práctica con éxito, lo cual es cuando menos tan dudoso como la construcción del socialismo que siguen pregonando los extremistas desde las antípodas.

Y es dudoso no solo por el nimio detalle del largo proceso que debe seguir cada propuesta del Ejecutivo en Estados Unidos antes de ser aplicada en la práctica -tal como quedó detallado en una hoja informativa de la Casa Blanca-, sino porque su sola concepción acusa un absoluto desconocimiento de la realidad cubana al pretender “canalizar las actividades económicas fuera del monopolio militar cubano, GAESA”.

Diríase que en Cuba existe una división de poderes y una autonomía de las instituciones que permite deslindar claramente “lo militar” de “lo civil”, definir sus funciones y establecer hasta dónde el entramado económico de empresas, cooperativas y otros sectores se relacionan o no con el empresariado militar o, lo que es igual, con el mismo monopolio Estado-Partido-Gobierno con el cual -no obstante- se mantendrán las relaciones. Solo eso sería todo un reto para los cubanos de aquí dentro, no digamos ya para los que emigraron 50 años atrás o para la muy anglosajona administración Trump.

Por otra parte, las propuestas del señor Trump portan otra caprichosa paradoja puesto que al limitar las visitas individuales se perjudicaría directamente el frágil sector privado -en especial el que se dedica al hospedaje y la restauración, sin contar los transportistas y los artesanos que viven de la ventas de souvenires y otras chucherías- que se nutre precisamente de ese turismo individual.

En cambio, las visitas grupales, que se mantienen vigentes, son las que favorecen a las instalaciones hoteleras del Estado, en las que suelen hospedarse esos grupos de visitantes debido a que éstas cuentan con mayores espacios y prestaciones que los particulares.

Esto sería en lo tocante al aspecto práctico del asunto. Otro punto es el relativo a lo meramente político. Causa estupor el regocijo de algunos sectores del exilio cubanoamericano y de la llamada “oposición de línea dura”, del interior de la Isla, tras el (dizque) “exitoso” discurso del mandatario estadounidense, y más aún sus declaraciones sobre los beneficios que aportará “al pueblo cubano” en materia de derechos humanos la nueva-vieja política de confrontación.

De hecho, no se explica tanto jolgorio por cuanto resulta obvio que el discurso de Trump quedó muy por debajo de las expectativas que habían estado manifestándose previamente en dichos sectores. Uno de los reclamos más socorridos por parte de este segmento ha sido la ruptura de relaciones entre ambos países, y más recientemente, la reinstauración de la política de “pies secos, pies mojados”, derogada en los días finales de la anterior administración.

Lejos de ello, el impredecible Trump no solo reafirmó la continuación de las relaciones diplomáticas, sino que omitió el tema de la crisis migratoria cubana e incluso el de la supresión de los fondos para la ayuda a la democracia, propuesta por él mismo pocas semanas antes.

Curiosamente, ninguno de los medios presentes en la conferencia de prensa celebrada tras el muy conspicuo discurso hizo preguntas incómodas sobre cualquiera de estos tres puntos, que sí constituyen verdaderos pivotes de cambio en la política estadounidense hacia la Isla y que afectan tanto el destino de los cubanos varados en diferentes puntos de Latinoamérica en su interrumpido viaje a Estados Unidos, como el financiamiento (y en consecuencia, la supervivencia) de varios proyectos opositores tanto al exterior como al interior de Cuba.

Lo cierto es que hasta el momento, el gran ganador de las propuestas de Trump es precisamente el castrismo, toda vez que la retórica de la confrontación es el campo natural de su discurso ideológico al interior y al exterior de la Isla. Así se ha apresurado a demostrarlo la declaración oficial publicada a todo trapo en todos los medios de su monopolio de prensa el pasado sábado 17 de junio, donde abundan las consignas y los llamados nacionalistas a la defensa de la soberanía y contra “la grosera injerencia” norteamericana, y así lo ha repetido dos días después ese gris amanuense, Bruno Rodríguez Parrilla, canciller cubano por la gracia del divino dedo verdeolivo, en su abúlica conferencia de prensa ofrecida desde Viena.

Mientras tanto, el “pueblo cubano” -sin voz ni voto en toda esta saga- sigue siendo el perdedor, apenas un rehén de políticas e intereses muy ajenos, cuya representación se disputan a porfía tanto la dictadura como el gobierno estadounidense y una buena parte de la oposición.

Habrá que dar al señor Trump las gracias por nada.

Una vez más se enmascara la verdadera causa de la crisis cubana -esto es, la naturaleza dictatorial y represiva de su gobierno- y vuelve a colocarse la “solución” de los males de Cuba en las decisiones del gobierno estadounidense. A este paso, nos esperan al menos cincuenta años más de teatro bufo, para beneficio de los mismos actores que, al parecer y contra las tempestades, tienen la habilidad de conservar siempre su propio lugar.

Miriam Celaya

Cubanet, 21 de junio de 2017.
Foto: Tomada de The New York Times.
Leer también: La "americanofilia" conquista Cuba.

lunes, 21 de agosto de 2017

Trump reabre el escenario perfecto para el régimen de Castro



En el matutino, antes de comenzar la prueba de español para los alumnos de octavo de grado en una escuela secundaria en La Víbora, al sur de La Habana, luego de beber un vaso de agua, la directora engoló la voz y arremetió con la tradicional oratoria antiimperialista denunciando la injerencia del “señor Trump y sus acólitos terroristas de la mafia cubana de Miami”.

El régimen, que se había sorprendido y se sintió aturdido por el novedoso estilo de Barack Obama de mano tendida al pueblo cubano y recordándole a la gerontocracia verde olivo las virtudes de la democracia y el respeto por las diferencias políticas, con Donald Trump ha regresado a su salsa.

Se multiplican los actos públicos en instituciones estatales, decenas de artículos periodísticos contra la nueva política de Trump hacia Cuba y una puntual diplomacia en cualquier tribuna o forum mundial.

No siempre sabe más el diablo por viejo. Tras casi 60 años lidiando con la dictadura de los hermanos Castro, el ejecutivo estadounidense, por razones que van desde la politiquería electoral al más profundo desconocimiento de la sociedad cubana, salvo excepciones, ha apostado por políticas fallidas.

Uno de los pocos logros del exilio cubano, estuvo cimentado por Jorge Más Canosa y el lobby de la Fundación Cubano Americana, que comprendió que en la democracia estadounidense lo fundamental son las conexiones políticas. Fue una de las claves del protagonismo alcanzado en el patrocinio de las estrategias de la Casa Blanca con respecto a Cuba.

Desde la década de 1980, la política de Washington hacia Cuba pasa por Miami. Para entonces, ya habían fracasado los intentos armados en zonas montañosas de la Isla, así como los sucesivos planes de atentados contra Fidel Castro.

Imitando al potente lobby judío, Más Canosa inició una batalla que combinaba la diplomacia y el conocimiento del panorama político en el DC para frenar a la dictadura castrista en el escenario internacional.

Y tuvo aciertos. Condenas de organismo de derechos humanos, codificó el embargo y mantuvo la excepcionalidad migratoria de los cubanos. En el ámbito político, no existe ningún grupo de emigrados en Estados Unidos con mayor número de congresistas, alcaldes y funcionarios, ya sean estaduales o federales que los cubanos, a pesar de que solamente son dos millones y medio de personas.

Entre la mayoría de los cubanos de las dos orillas, hay coincidencia en un punto: de una manera u otra, todos aspiramos a un país soberano, democrático y funcional. El camino para lograrlo varía.

Unos apuestan por el diálogo con el régimen y el levantamiento del embargo como mejor opción. Otros, prefieren el aislamiento a la dictadura, el embargo económico y sanciones internacionales que obliguen a cambiar o entregar el poder. Esta segunda política no ha funcionado en el caso de Cuba. Sí funcionó en la Sudáfrica del apartheid.

El embargo de Estados Unidos a Cuba ha fracasado. Cincuenta y ocho años de régimen castrista es la mejor respuesta.

Estados Unidos no debe sentir complejo por sostener sus compromisos en favor de la democracia y los derechos humanos. Pero el método para alcanzarlo no es precisamente con aislamiento, que solo ha servido de pretexto a los hermanos Castro para victimizarse.

De las pocas cosas que funcionan en la Isla se encuentran los servicios secretos, la represión y su hábil diplomacia. No espere que se cumplan los planes productivos, se construyan más viviendas o el gobierno capaz de crear un modelo racional o sostenible. Eso no ocurrirá mientras se mantenga el actual sistema de ordeno y mando.

Los disidentes, los encargados de liderar un cambio democrático en Cuba, andan más perdidos que un borracho en Saturno. Debido a la represión casi científica, a su protagonismo desmesurado y la falta de unidad entre los distintos grupos, la oposición no logra tender puentes con el cubano de a pie, a pesar de tener muchos puntos de coincidencia.

Se han sucedido tres generaciones diferentes de opositores. Unos se marchan al exilio, algunos exploran nuevos caminos para abrirse un espacio legal intentando insertarse en las escasas y controladas opciones que la blindada autocracia concede y otros se acomodan al estado de cosas, transformando la disidencia en un negocio particular.

Es lo que ahora mismo hay dentro de una oposición cubana, dividida, sin poder de convocatoria y con un sector apostando por el rescate estadounidense como vía milagrosa.

Si en algo se parece el régimen y un segmento de la disidencia es que culpan de sus fracasos a Estados Unidos, o a alguna de sus políticas, como la doctrina Obama.

La autocracia verde olivo no va a cambiar. Seguirá reprimiendo, activando linchamientos verbales contra la disidencia y encarcelando. Donald Trump, que no pone una en sus estrategias de Estado, solo ha vertido un poco más de gasolina para beneficio propagandístico de Raúl Castro.

Se sucederán las declaraciones de obreros, campesinos, arquitectos y estudiantes cubanos ‘condenando la injerencia yanqui’. El barraje propagandístico del aparato estatal será aún más reforzado.

Es increíble que la comparecencia vociferante de Trump en Miami, con sus ademanes y gestos patéticos, despierte más interés que la descafeinada sesión de la asamblea legislativa del poder popular donde supuestamente se debaten los problemas del país.

Mientras Trump hacía pucheros y prometía cosas que no cumplirá, la realidad se impone. Quitando las alharacas verbales, solo han sido derogados dos acápites de la doctrina Obama: los viajes de estadounidenses a Cuba y los negocios con empresas militares. El resto se mantiene.

¿A quién beneficia? A la propaganda castrista y a los intereses de Estados Unidos, pues la mayoría de los acuerdos siguen en pie. Ni Trump ni ningún otro presidente estadounidense va a defender mejor que nosotros mismos nuestros derechos.

La bandera de las barras y estrellas no es nuestra bandera. Ni USA es nuestra patria.

De una vez y por todas, los compatriotas residentes en el exterior y los de la isla, deben tener presente que la solución a los problemas de Cuba es un asunto de todos los cubanos. De nadie más.

Iván García
Foto: Tomada de Daily Express.

jueves, 17 de agosto de 2017

Un matrimonio mal llevado



En un restaurante en La Habana, a unas cuadras del malecón habanero, en el Vedado, sólo se habla de una cosa: Donald Trump y su discurso en el teatro Manuel Artime de Miami.

El sitio “está más lleno de lo común”, dice el cantinero Raúl Velazco mientras prepara dos daiquirís frapé para una pareja de estadounidenses que se han sentado en la barra y miran compasivamente un televisor LSD de 55 pulgadas colgado en altos.

En el bar del restaurante hay más personas que en las mesas de los salones. La gente ha empezado a apiñarse de a poco y todos miran el reporte y los cintillos informativos de una cadena estadounidense.

Algunas mesas han quedado desoladas. Los platos están a medio comer. Los comensales se han levantado y, copa en mano, se han ubicado en el bar para presenciar el discurso del presidente de los Estados Unidos que pondrá sobre la mesa la nueva política hacia Cuba.

“Ese hombre tiene todo el poder ahora y de él depende que rumbo tomará la cosa”, dice Rubén Echeverri, un abogado de 52 años que trabaja en una consultoría jurídica internacional. “Vine por la buena comida y porque sabía que aquí iban a poner el discurso”, dice Echeverri.

“Toda esta semana la gente ha venido a preguntar si íbamos a poner el discurso”, confiesa Marilyn Suárez, una de las jefas de turno. El lugar tiene cable satelital con poco más de una decena de canales extranjeros, un servicio que, amén de la comida, les da un plus en Cuba.

“Hay una gran expectativa con lo que pueda decir Trump, hay miedo de que todo vaya para atrás y que lo poco que habíamos avanzado y logrado, se escache”, dice parada al final del bar Elizabeth Fernández, diseñadora gráfica de 39 años.

Elizabeth está junto a su novia y otra amiga. Ellas son de las que han abandonado su mesa en uno de los salones del restaurante para ir al bar a escuchar a Trump. Las tres tienen una botella de cerveza Cristal que les suda en las manos. Va a comenzar el acto en el Artime de Miami, Elizabeth recuesta su cabeza al hombro de su novia, me mira y levanta al unísono las cejas y pómulos. Va a empezar a hablar Trump, debe haber sido un gesto de nerviosismo que no pudo disimular.

Cuando Trump termina, estalla el murmullo. Creo estar en el estadio de béisbol Latinoamericano. Delante, en plena barra, la pareja de estadounidenses brindan con dos cubanos que se encuentran a su costado derecho. A la izquierda de ellos, una mujer y un hombre se abrazan. A mi lado, Elizabeth y su novia se besan y la amiga las apachurra por detrás.

La gente está contenta. Los nervios se han ido. Trump no ha sido todo lo severo que los cubanos esperaban.

Que la nueva política de Washington hacia La Habana se centre básicamente en restringir los negocios con el mayor conglomerado de empresas militares en la isla y controlar aún más a los estadounidenses que lleguen de visita y que se mantengan las relaciones bilaterales entre las dos naciones con sus respectivas embajadas, hace que los cubanos vuelvan a suspirar de alivio.

“Por suerte no tocó ni los viajes ni las remesas”, dice Yunier, uno de los camareros del bar mientras conversa con la pareja de estadounidense. Ellos, Tiffany y Gregor, están por primera vez en Cuba.

“Es una isla hermosa y cercana para nosotros, por eso no podemos volver a los tiempos de antes, tenemos que ayudarnos y no enemistarnos”, dice Tiffany en un inglés lento.

“Lo que Trump quiere es ayudar a los cubanos pero que el gobierno cubano empiece a ayudarlos a ustedes también”, dice Gregor, con otro daiquirí en mano.

Las palabras del presidente de los Estados Unidos estuvieron dirigidas a presionar al gobierno de Raúl Castro para que permita el desarrollo del creciente sector privado, reduciendo drásticamente el flujo de dinero que le llega al gobierno cubano por vía de los estadounidenses.

Este nuevo enfoque de los Estados Unidos hacia Cuba está amparado en las violaciones de los derechos humanos que se cometen en la isla. Al restringirse ahora los negocios con las compañías controladas por Gaesa, el conglomerado de las Fuerzas Armadas que maneja el 60 % de la economía cubana, se producirá un veto considerable al comercio entre las dos naciones. Según Engage Cuba, esto le costaría a la economía de Estados Unidos 6.600 millones de dólares y 10 mil empleos en el sector del transporte.

A unas cuadras del restaurante, en el lobby del hotel Meliá Cohíba, la agencia de viajes turísticos Cubatur tiene un buró de reservación donde la mayoría de las ofertas pertenecen al grupo empresarial Gaesa de las Fuerzas Armadas.

Alicia Llanes viste con el uniforme de la empresa y está sentada en solitario en su mesa. Sobre la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba dice: “La gente piensa que no, pero lo que ha dicho Trump va a repercutir en Cuba porque él sigue metiéndose con el gobierno en vez de ayudar al pueblo”.

Por todo el lobby del hotel Meliá Cohíba hay turistas caminando, el ajetreo es incesante. Alicia añade: “Ahora, ya los norteamericanos no podrán venir aquí a reservar nada. Con la nueva política perdemos nosotros y pierden ellos. Nosotros porque ya no podremos venderles nuestro turismo y ellos porque no podrán disfrutar lo nuestro”.

Al cierre del pasado mes de mayo, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, 284,565 estadounidenses habían visitado la isla. Una cifra que casi iguala la cantidad de visitantes norteños durante todo el 2016.

A la salida del hotel Cohíba hay un lote de taxis. Se ven autos modernos y autos clásicos norteamericanos, entre ellos un Ford de 1953 y un Chevrolet de 1956. Mientras esperan algún turista que los rente, justo delante de la puerta del Ford, conversan los dos taxistas de los autos antiguos.

Un taxista dice: “Cuando no es uno, es el otro, antes era Fidel y ahora es Trump, lo de Cuba y Estados Unidos es para nunca acabar”. El otro taxista contesta: “Son un matrimonio mal llevado”.

Abraham Jiménez
El Estornudo, 16 de junio de 2017.
Foto: Tomada del artículo Donald Trump Still Won't Tell the Truth About Cuba, de Kurt Eichenwald, publicado en Newsweek el 30 de septiembre de 2016.

lunes, 14 de agosto de 2017

Manzanas prohibidas



Apenas a una cuadra del majestuoso Gran Hotel Manzana Kempinski, cuya inauguración está prevista para el próximo 2 de junio, a un costado del cine Payret, una cafetería estatal vende pan con una hamburguesa, ácida y desabrida, por el equivalente de 50 centavos de dólar. Empleados de los alrededores o indigentes que sobreviven pidiendo limosna a los extranjeros, hacen una pequeña fila para adquirir la incomible hamburguesa.

El hotel, construido por Kempinski, empresa fundada en 1897 en Berlín, ocupa el espacio de la antigua Manzana de Gómez, el primer centro comercial que hubo en la Isla, en las calles Neptuno, San Rafael, Zulueta y Monserrate, en el corazón de La Habana. Inaugurada en 1910, a lo largo de su historia, la Manzana de Gómez albergó desde oficinas, bufetes de abogados y consultorías mercantiles hasta comercios, cafés y restaurantes, entre otras instalaciones.

Muy cerca del Manzana Kempinski, el primero con cinco estrellas plus, radicará el parlamento cubano, todavía en obras, que tendrá como sede el antiguo Capitolio Nacional, una réplica en menor escala del Congreso de Washington.

La flamante instalación hotelera, propiedad de Gaviota, una corporación militar cubana, y administrado por la firma Kempinski, puede ufanarse de estar escoltada por el antiguo Centro Asturiano, hoy sede de las colecciones privadas del Museo de Bellas de Arte, el Gran Teatro de La Habana y los hoteles Inglaterra, Telégrafo, Plaza y Parque Central.

Con excepción del hotel Parque Central, de construcción más reciente, los otros tres hoteles radican en inmuebles edificados en el siglo 19 o durante la etapa republicana, y figuran entre los más bellos de la ciudad. En el centro de esas joyas arquitectónicas se encuentra el principal parque habanero, presidido por la estatua del héroe nacional José Martí.

En esos cuatro hoteles radican tiendas que venden exclusivamente en pesos convertibles (cuc), un billete fuerte creado por Fidel Castro que posibilita la adquisición de mercaderías capitalistas o de mejor calidad.

Lo anecdótico es que a los trabajadores les pagan con pesos cubanos (cup), la moneda nacional. En los sectores de turismo, telecomunicaciones y aviación civil, sus empleados solo devengan de 10 a 35 cuc como estimulación salarial.

El chavito, como le dicen los cubanos al cuc, es una puerta giratoria que marca territorio entre las chapucerías, penurias y pésimos servicios de corte socialista y los productos de regular a excelente calidad facturados por el 'enemigo de clase', según la teoría marxista que sustenta la junta verde olivo que gobierna la Isla desde 1959.

La Cuba del siglo XXI es un acertijo que roza el absurdo. Los gobernantes dicen defender a los más pobres, hablan de justicia social y socialismo próspero y sostenible, pero los proletarios y los jubilados son los que peor viven.

El régimen es incapaz de inaugurar mercados abastecidos, construir edificios de apartamentos de calidad, hoteles a precios módicos donde un obrero se pueda hospedar o tan siquiera reparar las viviendas, calles y aceras en los municipios y barrios de la capital. Pero para captar divisas, invierte buena parte del producto interno bruto.

José, taxista privado, considera que es bueno tener millones de turistas y que la caja registradora del Estado reciba ingresos millonarios. “Pero que luego esas ganancias se reinviertan en mejorar el país. Desde la década de 1980, el gobierno apostó por el turismo. ¿Qué cantidad de dinero ha entrado en todos esos años? ¿En cuáles ramas productivas se ha invertido?”, se pregunta el chofer de un destartalado Moskovich de la era soviética.

Personeros del régimen debieran responder. Pero no lo hacen. En Cuba, las finanzas, supuestamente públicas, se manejan con absoluto secretismo. Ningún ciudadano conoce dónde va parar las divisas que ingresa el Estado y los funcionarios se incomodan cuando se les pide una explicación por las cuentas off shore en Panamá o en bancos suizos.

En este experimento social, que conjuga lo peor del socialismo importado de la URSS con lo más repugnante del capitalismo monopolista de corte africano, en las destruidas calles de La Habana se permite filmar Rápido y Furioso, se acicala el Paseo del Prado para un desfile de Chanel o se inaugura un hotel estilo Qatar, como el Manzana Kempinski, en una zona rodeada de mugre, donde falta el agua y residen familias que hacen una sola comida al día.

En una agencia de automóviles radicada en Primelles esquina Vía Blanca, en El Cerro, se venden autos a precios insultantes. El polvo recubre el capó de los vehículos y un coche de segunda mano cuesta entre 15 mil y 40 mil dólares. Un Peugeot 508, 300 mil dólares, más caro que un Lamborghini.

Para las autoridades, las desmesuradas cantidades son un 'impuesto revolucionario' y con ese dinero, han dicho que van a sufragar la compra de ómnibus destinados al transporte urbano. Una burla: apenas se han vendido alrededor de cuarenta autos de segunda mano en tres años y el transporte público sigue de mal en peor.

A Danay, maestro de secundaria, no le indigna que el régimen inaugure hoteles y abra boutiques de lujo. “Lo que me jode es que todo sea un escenario de apariencias. ¿Cómo se pueden vender artículos que nadie puede pagar ni aunque trabaje 500 años? ¿Es un chiste macabro o un insulto a los trabajadores cubanos?”, se pregunta Danay, mientras merodea por el complejo de tiendas del Hotel Manzana Kempinski.

En los amplios pasillos de granito fundido, la escena habitual es de asombro. Abrazado a su novia, Ronald, estudiante universitario, sonríe con sarcasmo al observar tras las vidrieras de una joyería, unas esmeraldas que superan los 24 mil pesos convertibles. “En otra tienda, una cámara fotográfica Canon cuesta 7,500 cuc. Una locura". Y añade:

"En otros países se venden cosas a precios muy altos, pero también hay a precios asequibles a los distintos bolsillos, ¿Quién cojones en Cuba puede comprar eso, brother? A no ser ellos (los que gobiernan), los peloteros cubanos que ganan millones de dólares en las Grandes Ligas o los que se fueron y ganan mucho en Estados Unidos. No creo que los turistas van a pagar por cosas que en sus países son más baratas. Si alguna vez tuve duda de la verdadera esencia de este gobierno, ahora ya lo sé: vivimos en una sociedad mixta. Capitalismo pa' ellos, los de arriba, socialismo y pobreza pa'nosotros, los de abajo”.

Custodios de seguridad vestidos con trajes grises, pinganillos (audífonos) en los oídos y rostros hoscos, llaman la atención a las personas que tiran fotos o se conectan a internet vía wifi. La gente se queja. “Si no quieren que tiren fotos o se conecten a internet, no permitan la entrada de los cubanos”, dice una señora molesta.

En el centro de la planta baja del actual hotel Kempinski, antaño centro comercial Manzana de Gómez, en 1965 fue develada una efigie de bronce de Julio Antonio Mella, líder estudiantil y fundador del primer partido comunista en 1925. La escultura desapareció del lugar.

“Es que no venía a cuento, entre tanto capitalismo de lujo, tener la estatua de Mella. Era una incongruencia”, comenta un señor que mira las vidrieras junto a su nieta. O probablemente el régimen haya sentido vergüenza.

Iván García

Foto: Un viejo edificio de la Habana Vieja es el 'paisaje' que se divisa desde una de las boutiques del hotel Gran Manzana Kempinski. Tomada del reportaje Los nuevos hotels de lujo en Cuba buscan atraer a un mar de turistas, de Aili McConnon, publicado en The New York Times en Español el 10 de mayo de 2017 con fotos de Lissette Poole.

jueves, 10 de agosto de 2017

Mella era nieto de uno de los Padres de la República Dominicana



Sobre el busto de Julio Antonio Mella en la Manzana de Gómez, en una crónica titulada Ni olvidado ni muerto, publicada el 6 de mayo de 2017 en el periódico Juventud Rebelde, el periodista Ciro Bianchi Ross escribió:

-Muchas veces me pregunté qué sentido tenía el busto de Mella que se emplazó en el cruce de la galería comercial de la Manzana de Gómez y que se retiró hace siete años, antes de que el viejo inmueble empezara a transformarse en un hotel de lujo, y que ahora parece preocupar a algunos. Nada tuvo que ver Mella con dicha edificación. La Manzana de Gómez no estuvo ligada a su vida ni a su trayectoria política. Además, desde el punto de vista artístico era una mala pieza.

A propósito del busto de Mella, ¿quién puede verificar que hace 7 años lo quitaron de ahí? Si lo trasladaron sin dañarlo, ¿a dónde lo llevaron? Lo más seguro es que lo hayan desguasado. Lo instalaron en 1965, por el 50 aniversario de la fundación del primer partido comunista cubano. Y tal vez hubo la intención de cambiar el nombre de Manzana de Gómez por Manzana de Mella.

En la plazoleta que queda frente a la Universidad de La Habana había y hay un busto de Mella. El 15 de enero de 1953 amaneció lleno de chapapote. Una crónica de la época lo contaba así:

Amanece manchado de chapapote el busto de Julio Antonio Mella que había sido inaugurado cinco días antes en la plazoleta frente da la escalinata universitaria. Comienza la protesta estudiantil habanera que al mediodía desemboca en una manifestación que es rechazada con heridos por la policía. Más tarde se genera una enorme manifestación a la que se suma el pueblo y que no puede ser contenida por la policía en su marcha hacia el Palacio Presidencial.

En la confluencia de San Lázaro casi esquina a Prado el choque popular es desproporcionado contra los chorros de agua de los carros de bomberos, y los disparos de la marina y la policía que provocan numerosos heridos, entre ellos de mayor gravedad el dirigente de la Escuela de Arquitectura Rubén Batista Rubio. Decenas de manifestantes son cogidos presos La multitud se atrinchera en la universidad y hace guardia durante la noche para impedir sea tomada por las fuerzas represivas. Al día siguiente, la FEU organiza un acto de desagravio ante el busto de Mella. El Consejo Universitario suspende las actividades docentes por 15 días, hasta el 2 de febrero.

Entre los que fundaron el primer partido comunista se encontraba Carlos Baliño, que había sido mambí, en ese momento tenía 77 años y fallecería un año después. Mella, asesinado en México con solo 26 años, fue un ícono de la juventud cubana de aquella época. Con una historia, un curriculum y una preparación que hoy muy pocos tienen en Cuba.

En Hoy Digital descubro sobre el origen dominicano de Mella. Reproduzco lo que escribieron sobre Mella y su padre:

"Antonio Nicanor Mella Brea, nacido el 29 de julio de 1850 en Santo Domingo, hijo del Matías Ramón Mella Castillo, uno de los Padres de la Patria Dominicana junto a Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez, no participó en política y se estableció en Cuba, donde ejerció el oficio de sastre. Su taller se encontraba en la casa No. 105 de legendaria calle Obispo de La Habana. Antonio Nicanor fue sastre de la alta sociedad cubana. Se especializó en ropa de hombre al estilo francés.

"En La Habana se casó con Mercedes Bermúdez Ferreira (1847-1915), con quien tuvo tres hijas. Solo se conoce el nombre de una, Josefina Mella Bermúdez. En uno de los viajes de Antonio Nicanor a New Orleans, conoció a Cecilia Mc Partland Reilly, nacida el 26 de julio de 1882 en Lisnadaragh, condados de Cavan y Westmeath, Irlanda, quien había emigrado a los Estados Unidos en 1898. A pesar de la notoria diferencia de edad, Antonio Nicanor se la llevó a Cuba y con ella procreó dos hijos no reconocidos: Nicanor Mac Partland, nacido el 25 de marzo de 1903 en La Habana, y Cecilio Mac Partland, nacido el 6 de enero de 1906 también en La Habana. En 1910, la madre los declaró 'nativos de la República de Santo Domingo'. Como testigo de las declaraciones de sus nacimientos figuró el propio Antonio Nicanor Mella Brea.

"Por problemas de salud, Cecilia Mac Partland abandonó Cuba y Antonio Nicanor y su esposa Mercedes Bermúdez tomaron la custodia de los dos niños. El 2 de mayo de 1910, la madrastra cambió los nombres a los niños y legalizó su estatus de cubanos. A Nicanor le llamó Julio Antonio Mella Mac Partland y a Cecilio lo nombró Nicasio Mella Mac Partland, quien emigró muy temprano de la isla, al parecer a Suramérica. Por su parte Julio Antonio Mella Mac Partland, heredó los genes de su abuelo y en los tiempos que le tocó vivir, se convirtió en un fogoso líder estudiantil y luchador proletario. Cuando estudiaba en la Universidad de La Habana fue encarcelado por la falsa acusación de ser un 'peligro público'. Para entonces, había ganado mucha notoriedad por su constante discurso contra el gobierno de Gerardo Machado. Fundó el Partido Comunista Cubano y fue su primer secretario general. Destacado deportista, sobresalió en remo y en atletismo. Además de político, también fue escritor y poeta.

"Julio Antonio Mella se casó con Oliva Margarita Zaldívar Freyre el 19 de julio de 1924 en La Habana. Tuvieron una hija, Natasha Mella Zaldívar, nacida el 19 de agosto de 1927 en Ciudad México. Julio Antonio fue asesinado en la esquina formada por las calles Abraham González y Morelos de Ciudad México, el 10 de enero de 1929, crimen perpetrado por José Magriñat, por encargo del servicio secreto del dictador Machado. Una placa en dicha esquina conmemora el triste acontecimiento.

"Una montaña de la Sierra Maestra, en Cuba, desde 1950 se llama Pico Mella en su honor. Allí, en 1996, instalaron un busto de bronce con su efigie. Julio Antonio Mella también quedó inmortalizado, con un sombrero rojo, en el mural El Arsenal del pintor Diego Rivera. Su viuda, Oliva Margarita, no volvió a casarse y murió en el exilio, en Miami, el 11 de diciembre en 1982. Su hija Natasha Mella Zaldívar se casó el 20 de diciembre de 1950 en La Habana con Antonio de la Torriente Morales. Tuvieron una única hija a la que llamaron Ileana de la Torriente Mella, nacida el 10 de abril de 1952 en La Habana. Ambas, madre e hija, en 1961 marcharon al exilio en Miami. Ileana de la Torriente, nieta de Mella, el 21 de enero de 1984 se casó en Miami, con Louis LaFontisee Jr. y no dejaron descendencia".


Oliva Margarita Zaldívar Freyre, la esposa cubana de Mella, era camagüeyana, doctora en derecho civil y derecho público por la Universidad de La Habana, fue reconocida como su viuda oficial, cuenta Adys Cupull. Conocí a Sarah Pascual, quien fuera amiga personal de Mella. También a Adys Cupull, ella junto a Froilán González son estudiosos de la vida y obra de Julio Antonio Mella.

En 1961 el tercer contingente de maestros voluntarios que estuvimos casi cuatro meses en el campamento La Magdalena, Minas del Frío, tres veces subimos el Pico Turquino, pero no lo hicimos por la parte donde se llega al busto de Mella, sino por la que se accede al busto de José Martí, iniciativa de una pinareña.

Hoy, para muchos cubanos, Mella es cosa del pasado, papel viejo. A lo mejor ni saben que fue él quien dijo "Hasta después de muertos somos útiles, pues servimos de bandera". Sin embargo, el argentino Manuel María Muñiz se inspiró en su figura para redactar una tesis de 186 páginas titulada "Julio Antonio Mella en las intersecciones del espacio político-cultural cubano y latinoamericano (1920-1925), presentada en octubre de 2014 en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de General San Martín de Argentina.

En Tinísima, libro de la escritora Elena Poniatowska dedicado a la fotógrafa y artista italiana Tina Modotti, el gran amor mexicano de Mella, el líder estudiantil cubano está presente en muchas páginas del libro, publicado en 1992.

Para mí, la vida de los Mella es mucho más enjundiosa que la de los Castro.

Tania Quintero
Foto: Semidesnudo de Julio Antonio Mella, probablemente realizado por Tina Modotti. Tomada de Fotografía en México.