jueves, 30 de junio de 2016

Cuba: Entre Corea del Norte y Miami



Ha regresado lo peor del realismo socialista a la Isla.

Mientras Fidel Castro espera que Dios se lo lleve, los ideólogos del poderoso Departamento de Orientación Revolucionaria programan actividades culturales, sociales, deportivas y políticas para celebrar los 90 años de su nacimiento, el 13 de agosto de 1926 en Birán, pueblito de Holguín, provincia a 744 kilómetros al este de La Habana,

Desde Pinar del Río a Guantánamo se efectúan debates, análisis y simposios, siembra de árboles y canciones dedicadas al ‘líder histórico de la revolución cubana’. Todo pagado con el erario público.

El Instituto Cubano del Libro (ICL) anunció que publicará 25 títulos de y sobre Fidel Castro, en ocasión de su 90 cumpleaños. La presidenta de la entidad, Zuleica Romay, presentó la decisión como "un regalo especial" para todo el pueblo, informó el diario oficial Granma.

Mientras escritores y especialistas locales esperan largo tiempo por la publicación de su obra y el ICL limita las tiradas de libros de reconocidos autores que se ven obligados a divulgar sus textos en el extranjero, los títulos sobre Castro centrarán el trabajo de varias editoriales nacionales hasta finales de año.

Tanto la radio como la televisión, controladas por el gobierno, emiten spots promocionales y trechos de sus discursos. Las escuelas han recibido orientaciones del Ministerio de Educación para difundir ‘la obra y vida del comandante’ en los matutinos y murales.

Una alumna de noveno grado de una secundaria del municipio Cerro, encargada de mantener actualizado el mural de su aula, dice que “todas las semanas tengo que renovarlo. Y no deben faltar citas del pensamiento de Fidel”.

Alicia, empleada de una terminal de ómnibus en El Calvario, también recibió indicaciones del sindicato y el partido de su empresa para destacar “la obra de Fidel y sus logros. También realizacremos reuniones donde se estudie su resonancia universal. No sé si es porque al hombre le falta poco para estirar la pata, pero desde diciembre de 2015 hay una campaña sistemática del gobierno para realzar su figura”.

Los medios oficiales y su extensa red propagandística trabajan a toda mecha. Las citas de Fidel Castro en la prensa superan incluso a las del prócer José Martí.

Da igual el tema. Béisbol, ballet o apicultura. De coletilla siempre cuelgan una frase del comandante único. Y es que Castro I, como cualquier sátrapa, ejerció su influencia en todas las esferas de la vida cubana.

Desde la ganadería a los pronósticos de un huracán. Los éxitos de su revolución fueron para él. Los fracasos son responsabilidad de otros. Raúl Castro, elegido a dedo por Fidel, ha sido un hábil contorsionista político.

Ha desmontado sin fanfarrias ordenanzas y prohibiciones absurdas aprobadas por su hermano, como la ampliación de normas a negocios privados, ventas de autos y casas, viajes al exterior, acceso a internet, permitir que los cubanos usen teléfonos móviles y se alojen en centros turísticos antes destinados a extranjeros.

El general Castro II, un autócrata diferente, también sepultó cien metros bajo tierra las escuelas en el campo, cuna de la promiscuidad sexual y desarraigo familiar, el trabajo voluntario, esa campaña ideológica denominada 'batalla de ideas', las homéricas diatribas y las marchas combatientes que paralizaban la economía del país.

Este marketing político alrededor de la figura de Fidel Castro -y que va desde alquilar sus limusinas Chaika de la era soviética a vender libros, fotos y souvenir en divisas-, tiene la pretensión de estructurar una narrativa épica para la posteridad y conseguir un negocio más jugoso que la comercialización de la imagen del Che.

Desde luego, a pesar del machacón bombardeo propagandístico para exaltar al viejo guerrillero, el culto a la personalidad no es comparable al del sanguinario régimen norcoreano.

En la Isla,por suerte, no se organizan tablas gimnásticas multitudinarias para agasajarlo ni los cubanos deben postrarse de rodillas ante su efigie. El régimen, llegado el momento de su muerte, espera efectuar honras fúnebres solemnes y se rumora acerca de la edificación de un nicho en las montañas de Santiago de Cuba.

Pero la agobiante campaña publicitaria no tiene mucha repercusión entre los cubanos de a pie, más dedicados a desconectar bailando reguetón y bebiendo ron de caña.

Cuba no es Corea del Norte. Y Miami está demasiado cerca. Todos los días arriban casi veinte vuelos desde Estados Unidos con emigrados cubanos cargados de regalos para sus parientes pobres en la Isla.

La gente que desayuna café sin leche ve más televisión satelital ilegal o el Paquete semanal, un compendio de novelas, deportes, filmes y seriales en un noventa por ciento estadounidenses, que los canales nacionales.

La visita de Obama, el megaconcierto de Rolling Stones, la filmación de Rápidos y furiosos en la capital, el desfile de Chanel por el Paseo del Prado o la próxima llegada de un crucero de Carnival al puerto de La Habana, tienen más poder de convocatoria espontánea que un aburrido cónclave recordando a Fidel Castro.

Y es que en Cuba existen matices. Aunque el gobierno lo pretenda presentar todo en blanco y negro.

Iván García
Hispanost, 3 de mayo de 2015.
Foto: Tomada del Portal de la Radio Cubana.

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